Sofia llévame en tu bicicleta…

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Descansando junto al obelisco de Borisova Graden Park

Todo viaje que se precie para Intothetravel (o trillizos como se hacen llamar), integra emoción, aventura, diversión, sacrificio y, sobre todo, ¡hay que verlo todo, todo, todo! Pero a veces, los días sólo tienen 24 horas. Qué… paradoja?! Así que vamos a alquilar una bici y nos desplazamos más rápido. Optimicemos nuestros movimientos. Aprovechemos el tiempo.

Sofia bike: conociendo a Simon

La verdad es que Sofia se presta bastante a ser recorrida en bici. Es una ciudad grande aunque no en exceso. Tiene muchos espacios verdes. Lo único que falla es que no está demasiado adaptada, pero somos aventureros, ¿no?

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Así de contentos estábamos después de alquilar nuestras bicis en Sofia-Bike!

Como ya sabréis, nos alojamos en el centro de la ciudad gracias al apartamentito de Ivo (contactamos por Airbnb). Se localizaba en Ivan Vazov 15, justo al lado del negocio de Simon: Sofia-Bike (www.sofiabike.com), en Shesti Septemvri 1000. Chaval majísimo. Pues el caso es que por 24 levas (12 euros cada una), alquilamos las bicis durante 24 horas (pudimos pagar la fianza en euros). Nos explicó qué hacer, rutas posibles, carriles bici (muy precarios), etc. La verdad es que el tío tenía bastante palique, parecía que le habían dado cuerda. Pero se portó de escándalo. Nos regaló unas botellas de agua, nos dio unas luces por si queríamos coger las bicis por la noche, dos cestitas, las cadenas para candarlas por la calle; en definitiva, muy cordial, atento, educado y agradecido. A veces nos perdíamos en la conversación porque tenía un tic muy gracioso, y cada ojo de un color diferente. A ver si lo conocéis y os dais cuenta!

Dentro de las opciones que nos sugirió, existía la posibilidad de hacer un par de rutas en bici guiadas. Pero era demasiado tarde (se nos pegaron un poco las sábanas). Os sigo contando…

I want to ride my bicycle, I want to ride my bike!

Parecía que no teníamos demasiadas ganas de montar en bici, porque según salimos del local de Simon, llegamos a un parquecito (Krystal garden), aparcamos las bicis, las candamos y dijimos: venga a desayunar! Fue surrealista el momento de: “a la sombra hace frío. Vamos a volver a casa a por una chaqueta” (es Septiembre y las máximas eran de 18 o 19 grados, pero a la sombra hacía rasca). ¿Por qué digo surrealista? El tema es que teníamos que pasar por el local de Simon de nuevo. El pobre tuvo que flipar: 5 minutos después de irnos y advertirnos de que no le quitásemos ojo a las bicis (Simon: “no dejéis las bicis en la calle que la gente se las lleva”), aparecemos los tres andando por la misma dirección en la que habíamos marchado.

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“Brunch” en el café Bagri.

¡“Hello Simon”! Y sin más, pasamos de largo (él estaba con clientes). Por mucho que os describa su cara de estupefacción, ni os la imagináis.

En fin, al volver al parque a por las bicis, conocimos a un personaje oriundo de Sofia. Un señor de 70 años que hablaba un perfecto español latino. Había trabajado en el mundo del espectáculo (baile y malabares), y nos explicó que para tomar un buen café, debíamos ir a un lugar muy especial, donde el ambiente era muy acogedor (café/restaurante Bagri, en la calle Dobrudzha).

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Planificando la Green Route. No sabíamos la aventura que nos esperaba!

Tal cual. También nos aconsejó un horno/pastelería justo al lado del Bagri, en la calle Aksakov. Un local muy pequeñito pero digno de visitar. Las pizzas eran caseras y muy generosas con los ingredientes. Un octavo de pizza familiar costaba 1,5 levas (0,75 cts.). Además de buenas sugerencias, nuestro amigo nos regaló el momento “hot” del día, cuando para explicarme uno de sus movimientos arriesgados de su número especial, recorrió con su mano toda mi espalda hasta llegar a la zona del cóccix. De fondo sonó algún “uuuuuuuufff pumukiii”.


La gran elección: Green tour

Tras un par de horitas paseando por el centro sin mover las bicis, fuimos a por ellas para dar comienzo a la ruta verde (www.sofiagreentour.com).

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Entrañable señora a la que compramos pipas de calabaza para amenizar el paseo.

Así que la Green route fue nuestra elección final, entre todas las opciones que nos planteó Simon. Pobres ilusos. Ahora me entenderéis:

Al llegar tan tarde por la mañana, ya no nos daba tiempo a hacer la ruta guiada y nos decidimos a hacer la ruta a nuestra bola. Si os gusta la aventura, no es mala idea. Pero quizás un guía no nos habría venido mal. No obstante, no nos arrepentimos eh, ya que tuvimos libertad absoluta y nos encantó el paseo. Muy recomendable. El tema es que suponemos que el “Green Bike Tour” sigue un recorrido muy específico. En el mapa aparece marcada, pero en la realidad no hay ni carril bici, ni indicaciones. Sólo unas marcas triangulares pintadas con spray naranja, pero ni siquiera supusieron un patrón definitivo y fiable a seguir. Vamos, que nos perdimos varias veces.

Todo empezó en el Knyazheska Garden, sobre las 3 de la tarde. Hasta ahí todo estaba genial. Muchísimo ambiente. Puede resumirse en gente comiendo en la calle y disfrutando de un gran elenco de actividades organizadas por el ayuntamiento; partidos 3×3 de baloncesto, torneos de videoconsola, exposiciones, y lo más impactante era una especie de columpio para bicicletas, con un looping final para saltar por el aire y caer en una colchoneta gigante. Tras ver los espectáculos, atravesamos el parque y continuamos hacia el Park Borisova Gradina, donde encontramos el primer obstáculo: cruzar la primera carretera.

El guardián de luz

Tras cruzar la primera carretera hacia el Borisova, nos llamó la atención el estadio nacional. “¿Y si pasamos?” Había un guardia custodiando la entrada. “¿Se puede pasar?” “No”. Repetimos la pregunta con 10 levas en la mano. “¿Se puede pasar?” “Venga, 2 minutos!” Total que nos colamos en el estadio dejando las bicis fuera porque creíamos que era más imponente por dentro, pero “El Madrigal” mola más! (Amunt Vila!). Eso sí, nuestro amable “amigo” no nos dejó hacer fotos y finalmente no preguntó por su propina. ¿Qué habríais hecho vosotros? Nosotros aprovechamos un despiste y le dejamos el billete dentro de su garita, encima de unas bombillas que estaba intentando arreglar. Mis dos trillisos, que son poco vanidosos, y muy agradecidos…

¿Y ahora, por dónde vamos?

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Atardecer llegando a South Park.

Atravesamos todo el parque en lo que supuso la única cuesta arriba de todo el recorrido. Os invito a que lo confirméis. Es un misterio. No sabemos por qué, pero nos tiramos toda la ruta bajando y apenas subimos un par de repechos. De hecho, fuimos todo el camino con la coña de: “al final va a haber una cuesta que nos vamos a tener que bajar de la bici!”. Pues no supimos de ella.

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Casa abandonada en la Green Route

El caso es que a partir del Borisova Graden, nos perdimos unas 200 veces. Calles, avenidas, parques, incluso un buen rato atravesamos sendas y caminos en plena naturaleza (Loven Park). Eso sí que fue una auténtica pasada. Pero ojo, que en el trayecto hay trampas a modo de árboles caídos en mitad del camino. Así que despacito y buena letra, de paseo, no os emocionéis con la inercia de tanta cuesta abajo!

Antes de llegar al South Park y después de perdernos por el Loven Park, tuvimos que cruzar una auténtica autovía. Cuatro carriles por sentido. Pero claro, la senda seguía al otro lado y un señor mayor hizo lo propio (ante nuestro asombro). Conclusión: no nos queda otra! Éste es uno de los aspectos negativos del recorrido. Sofia no está adaptada a la bici. O sí, depende de lo aventurero, arriesgado, temerario o adaptativo que seas! Al menos no éramos los únicos que transitaban esos lares. El caso es que posee pocos carriles bicis habilitados como tales. Y no es el caso de la Green Route o la Green Route by Into the travel (que creemos que hemos inventado nosotros, esperemos que os guste!).

Intothefolk: festival de folklore en South Park

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Into the Festival

Momento Top. South Park es un paseo increíble. Es relativamente grande, con ejemplares arbóreos de gran porte, bastante cuidado y lleno de carriles para atravesarlo en bicicleta. Pero lo mejor, la casualidad o quién sabe si causalidad de encontrarnos con un festival folklórico en mitad del parque. Ese fue otro de esos momentos que, frenamos en seco, nos miramos los tres y dijimos: ¡Está claro, no?!.Candamos las tres bicis en mitad del césped y nos fuimos a investigar.

Vimos cómo hacían queso artesanal, escuchamos música folklórica de fondo, ya que había un escenario montado con un grupo tocando en directo. Por supuesto, con lo gastronómicos que somos los tres, degustamos comida típica, desde el carnache hasta la ensalada de queso búlgaro. Sí señor. No les digas a los búlgaros que es como el queso Griego, te dirán que de eso nada. Está buenísimo y es único y exclusivo del país. Es fermentado por una especie bacteriana en concreto, Lactobacillus bulgaricus. Ya podía haberme llevado un cachito para cultivarla y aislarla en mi laboratorio!

Además, nos bebimos nuestra cerveza búlgara favorita: Zagorka. Y de barril, bien fresquita. Entraba sola después de tanto pedalear, aunque hiciese bastante rasca a esa hora (se nos hizo de noche; serían las 8 de la tarde).

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David lo dio todo abriendo camino cuando oscureció del todo! Aquí lo vemos saliendo de South Park.

En ese instante llegó la culminación de tan auténtica experiencia. Todos los presentes se dieron la mano, comenzaron a bailar en círculo e iniciaron lo que parecía un baile típico. La gente entraba en el círculo y comenzaba a contornear las caderas. Hasta que Pablo, motivador e instigador nato, dijo: “Olaf, esta es la tuya, a ti que te mola… motívate”!. En qué momento se me ocurrió. En fin, que me vine arriba: “Venga va!”. Me decido, me aprendo el baile, me meto en el círculo, cojo la mano a una señora y… comienza a gritar y a golpearme y sale corriendo. Casi me da un infarto. Y el par de dos, en el suelo llorando de la risa. Venga hasta luegoooo…

Una vez con el buche lleno, porque menudo papercio nos metimos, recogimos las bicis y para casa! Noche cerrada…

Pusimos las linternas del móvil en la cestita de la bici (menos David, que ya la llevaba incorporada), y pedaleamos rumbo a Ivan Vazov, a donde llegamos tras perdernos otras cuantas veces. Cabe añadir que, ni el firme ni las aceras se encuentran en buen estado, por lo que cuando al día siguiente volvimos a montarnos en las bicis para llevárselas a Simon, nuestras nalgas nos recordaron el paseo del día anterior…

Pero todavía faltan aventuras por contar, así que muy atentos!



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Olaf

Olaf

Profesor de Ciencias at CPR Sta Apolonia
Aprendiendo de la vida cada día. Dedicado a la docencia y amando la naturaleza, me encanta escaparme a disfrutar de la aventura que proporcionan los viajes!
Olaf

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