El paso de Shipka: cuando la naturaleza es testigo de la historia.

El paso de Shipka es uno de esos lugares mágicos que, pese a estar llenos de historia, no transmiten “per se” esa sensación de haber sido escenario de tan genuinos acontecimientos. Adivinad compañeros de viaje; una vez más, las apariencias engañan!

¿Por qué el paso de Shipka?

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Es imposible resistirse a parar el coche y salir a tomar unas fotos. Este tramo corresponde con el inicio del ascenso (parte norte del puerto).

Si me planteo desvelar los motivos que nos llevaron a atravesar la Cordillera Balcánica por este paso natural, todavía me inquieto. Personalmente, pienso que las historias pueden ser emocionantes por sí mismas pero también influye el esfuerzo del emisor. Pues bien, como transmisor de información, DJ Eddie fue “espeluectacular” (como diría mi hermano, una mezcla entre espeluznante y espectacular). Pablo nos contará cómo conocimos a Eddie en el próximo post. Nos narró, colmado de orgullo, cómo en la guerra ruso-otomana de 1877 (la misma que los búlgaros llaman “la guerra de la independencia”), el paso de Shipka fue escenario de una de las batallas más honrosas y sacrificadas de todo el proceso bélico. Os pongo en antecedentes rápidamente:

Tras siglos dividida, Bulgaria buscaba dibujarse de nuevo en el mapa como nación, ya que se encontraba fragmentada. El norte de los Balcanes pertenecía a Rusia, y el sur, a Turquía. Llegado el momento, los rusos apoyaron la causa Búlgara pero los turcos se negaban a ceder el territorio. Y la “Batalla de Shipka” fue crucial para la independencia. Voy a hablar en boca de Eddie: “Un reducto del ejército ruso junto con un grupo de voluntarios búlgaros que se habían unido a la causa, resistían en lo alto del paso de montaña de Shipka las acometidas de las tropas turcas. Sin munición ni alimentos, la altura les proporcionaba ventaja, y a duras penas se defendían lanzando piedras, palos y todo aquello que funcionase como defensa. Cuando iban a ceder definitivamente, fruto la frustración, exhaustos, un pequeño ejército ruso montado a caballo procedente del norte, rompió las filas otomanas y aseguró este punto estratégico”.

Además, concluyó comentando que en conmemoración a tan encomiable hazaña, y como agradecimiento al ejército ruso, el gobierno búlgaro erigió dos monumentos: la torre de Shipka y el “ovni de Buzludja”. Y nosotros tres que escuchábamos atónitos sus explicaciones, nos miramos y dijimos: sí, sí, sí, sí! Hay que ir!

Así que así fue. En ese instante, el sinergismo de todos los argumentos que teníamos encima de la mesa nos imprimía tal motivación que no había ninguna duda: la visita pasaba a ser obligada.

Actual puerto de montaña

Saliendo desde Gabrovo tomamos la carretera número 5 (E85) dirección sur, hacia la provincia de Stara Zagora (veníamos de hacer noche en Veliko Tarnovo). El ascenso comienza paulatino y no demasiado vertiginoso. Atravesamos varias curvas de herradura para salvar las pendientes mientras nos introducíamos en un auténtico vergel: un hayedo que insinuaba que el otoño estaba a punto de hacerle una visita obligada. Los bosques de hayas se alternan con abetos, arces, robles y abedules entre otros. Es tan elevada la frondosidad, que en el transcurso de la subida la vegetación impide observar laderas pronunciadas.

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Primeras rampas de subida. La frondosidad a ambos lados de la calzada es digna de admirar. Las hayas se distribuían por doquier.

El propio puerto comprende un total de 15 km de longitud, que conforman un punto estratégico para atravesar los Balcanes. Las distancias para tomar de referencia desde Gabrovo serían de:

  • 20 km hasta el paso de montaña (desde donde sale el desvío para los monumentos de Shipka y Buzludja).
  • 35 km hasta la villa de Shipka, y
  • 48 km hasta Kazanlak.

Se trata de un collado en el que las montañas ceden en altitud, abandonando los 2300 metros alcanzados en ciertos puntos, hasta no superar los 1150 a los que se encuentra el paso en su parte más elevada. El firme está en muy buen estado a pesar de que los inviernos son fríos y el grosor de la nieve acumulada alcanza frecuentemente el medio metro de altura. La señalización vertical es aceptable (excepto en el paso, donde apenas existe información de cómo acceder a los monumentos), aunque de poco sirve si os topáis con un camión, os acompañará el resto del trayecto!

Nuestra pequeña aventura: “el viejo del visillo”

Adoro que la vida me sorprenda. Sin pretensiones. Sin conceptos ni ideas previas. Autenticidad. Así es Shipka. No teníamos ni idea de los que nos íbamos a encontrar, por lo tanto, tampoco os quiero estropear la sorpresa; así que omitiré los aspectos más dignos de descubrir in situ! (No obstante, espero conseguir transmitiros la esencia del lugar. A motivarse!).

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Nuestro “quitanieves” particular. Se encontraba a pocos kilómetros de la cima del puerto según se asciende por la parte norte. Rústico. Mimetizado. Para no desentonar.

Resumo: alucinamos. En cierto modo, tuvimos mala y buena suerte. Digo mala porque el día estaba plomizo y había una niebla horrible que se intensificó según ganábamos altura. Eso nos impedía otear el horizonte y disfrutar de las vistas en las zonas con visión panorámica. ¿Por qué buena suerte? Porque nos vimos inmersos en una niebla mística e intrigante, que acariciaba las inclinadas ramas de las hayas y se extendía hacia el interior del bosque, difuminando la visión de los pálidos troncos de los abedules, que por momentos parecían desaparecer. Sublime. Sin duda, una visión diferente. ¿Qué faltaba? La casa maldita. ¡Pues la encontramos!

A unos pocos kilómetros de llegar a la cima (recordad, viniendo desde Gabrovo), a mano derecha encontramos una casita de piedra con dos coches en la puerta. Aún conservaba el cartel de haber sido un restaurante en el pasado. Acumulaba pilas de leña a ambos lados, y la chimenea humeaba sutil y tímidamente (no es extraño, el coche nos marcaba 6º C aunque fuese 26 de Septiembre a las 12 horas del mediodía). “Para, para, aquí hay que bajar!”. Intrépidos, investigamos alrededores y fotografiamos lo que parecía un quitanieves improvisado. Y digo parecía porque de improvisado me da a mí que no tenía nada. Simplemente digamos que era diferente. Aun así, me gustaría verlo en plena acción. En fin. ¿Y qué pasó? Pues que con tanto despiste, de repente notamos una presencia. Ahí estaba, “el viejo del visillo” o también conocido como “The Observer”; con su prominente nariz colorada pegada al fino cristal de la ventana del primer piso, empañando la parte más cercana a sus

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El buga (o bugaldre para unos servidores) de “The Observer”. A la izquierda, su humilde morada.

grandes fosas nasales en cada espiración. Qué acongoje! Pablo y David se quedaron como congelados pero sin el cómo (yo terminaba de hacer una foto con celeridad). Y en ese momento, abrió la ventana y dijo: “brsndr sornas sasdn kajraka” (o eso entendimos). A lo que David respondió: “Sorry, sorry, we are leaving” (y él entendió: sjejsi ejfe ttu”). Nos metimos rápidamente en el coche mientras los tres pensábamos: “¡va a sacar una escopeta y nos va a meter un plumazo en el trasero!”. No obstante, a algún valiente aún le quedaron ganas de comprobar que, efectivamente, con ese frío la orina produce vaho.

El caso es que sobrevivimos y seguimos nuestro camino hacia el siguiente objetivo: Buzludja. Llegamos muy rápido al paso de montaña. Auténtico. Bares y una rústica tienda de souvenirs se intercalaban a ambos lados de la carretera (no os penséis, cinco o seis construcciones). Pero en apariencia, es el típico puerto con su área de descanso para reponer fuerzas o esperar a que amaine cuando arrecian las nevadas.

¿Por dónde seguimos? Lógicamente, hay que visitar los monumentos de la torre de Shipka y de Buzludja (el desvío que da acceso no está bien indicado y, como he comentado anteriormente, nos tocó parar a preguntar. Ardua tarea. Bulgaria profunda: muy difícil que entiendan el inglés. Pero al final conseguimos que nos indicasen el camino correcto al enseñar una fotografía). Para llegar, es necesario seguir una carretera llena de baches y con un asfaltado deplorable, que sale a mano izquierda nada más coronar el puerto, justo en la zona de los restaurantes. Es decir, dejar la carretera número 5 para tomar la número 5005 (red terciaria o cuaternaria). La torre aparece enseguida, pero el Ovni se hace de rogar. Parece que no se llega nunca. Al menos a nosotros así nos sucedió, aunque imagino que un día claro y despejado, la sensación será algo distinta…

Intotheexperience! Ni se os ocurra quedaros sin…

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Esto es lo que pasa cuando dejas la cámara en el medio de la carretera y no sabes por dónde viene el coche. Ahora me entendéis… (PD: pagué las risas)

…parar en uno de los múltiples apeaderos y escuchar los sonidos de la naturaleza. O simplemente respirar. Pero cuidado con cruzar la carretera, ya que los coches vienen y van entre el zigzagueo de la carretera y nunca sabes por dónde saldrán. Nosotros lo pasamos genial haciendo una de las nuestras.

…perderos sin perderse en el hayedo del parque natural de Bulgarka. Merece la pena introducirse en su enfoscado entorno o simplemente contemplar sus excéntricos bosques.

…visitar la casa de “The Observer”, pero si os consideráis unos auténticos aventureros. Hay que  conocer un nuevo concepto de quitanieves.

…saborear uno de los platos típicos de los restaurantes del paso de montaña. Poneos en situación: 5 graditos y un restaurante rural de la Bulgaria más genuina, todo su interior de madera, con mesas dignas del mejor ebanista. La chimenea encendida con calderos al rescoldo. Y regocijarse con una sopa o un guiso mientras escuchamos el crepitar de las llamas. De nuevo un privilegio. Problema: probablemente no sepáis lo que coméis, pero seguro lo disfrutaréis!

… deleitaros con la imponente Torre de Shipka y el magnánimo Ovni de Buzludja.

…pasear por la villa de Shipka. Nosotros no tuvimos la oportunidad, pero tenemos magníficas referencias. Hay dos opciones. La primera volver sobre nuestros pasos desde los monumentos hasta el paso de montaña y bajar de nuevo por la carretera número 5 hasta el paso de Shipka. La segunda, seguir dirección Kazalnak por la 5005 y al enlazar de nuevo en la número 5 puerto abajo, y remontar la pendiente de nuevo subiendo hacia Shipka por la propia número 5.

Y la semana que viene… la visita a unas cuevas grandiosas!!

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Olaf

Olaf

Profesor de Ciencias at CPR Sta Apolonia
Aprendiendo de la vida cada día. Dedicado a la docencia y amando la naturaleza, me encanta escaparme a disfrutar de la aventura que proporcionan los viajes!
Olaf

One Reply to “El paso de Shipka: cuando la naturaleza es testigo de la historia.”

  1. […] del itinerario, visitar Buzludzha. No voy a explayarme más con el ascenso del puerto puesto que Olaf nos dará buena cuenta del mismo en el próximo post. En éste quiero intentar trasmitir las sensaciones vividas cuando apareció ante nosotros esta […]

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