Buzludzha: un símbolo abandonado de una ideología casi abandonada

buzludzha escaleras

En algunas ocasiones los astros se alinean, como ocurrió el pasado 15 de agosto, y también ocurre que incluso a veces los planes llegan a buen término. Lo segundo nos sucedió con la visita a Buzludzha: planeada desde el principio del viaje, todas las piezas del puzle se pusieron en su sitio, no sin cierta fortuna, para permitirnos esta visita que, a posteriori, es sin duda una experiencia obligada para cualquier viajero que visite Bulgaria.

Veníamos de la inesperada visita a Veliko Tarnovo, donde nos alojamos contra todo pronóstico, y nuestro camino de vuelta nos ofrecía la posibilidad de pasar el puerto de Shipka y, en un ligero desvío del itinerario, visitar Buzludzha. No voy a explayarme más con el ascenso del puerto puesto que Olaf nos dará buena cuenta del mismo en el próximo post. En éste quiero intentar trasmitir las sensaciones vividas cuando apareció ante nosotros esta construcción que estremece como pocas otras, por historia, significado y ante todo, grandeza.

No sin problemas habíamos podido encontrar el desvío correcto desde el puerto de Shipka, con la ayuda de los locales que probablemente entendían poco de lo que preguntábamos, y pienso que aún comprendían menos como habíamos sido capaces de llegar allí y qué motivaciones nos movían.

El desvío correcto se encuentra en la cima del puerto a mano izquierda, justo donde empieza la subida al monumento de Shipka.

Desde el desvío, son 12 kilómetros de tortuosa carretera, llena de baches, curvas y en nuestro caso, una densa niebla que no facilitaba la tarea. Como tampoco lo hacía el hecho de que a cada minuto que pasaba estábamos un minuto más cerca de perder el avión, que salía a las 17h. Aunque en este momento no nos preocupaba demasiado.

El primer contacto con Buzludzha

En cualquier caso, logramos llegar a la base del monumento, donde presumiblemente debíamos ver el mismo. Sin embargo, es habitual encontrar condiciones meteorológicas adversas en la zona y la niebla tapaba por completo la cima de la montaña, y con ella el gran OVNI, como mucha veces se le reconoce.

En cualquier caso, uno sabe que ha llegado gracias a otro monumento presente al lado izquierdo de la carretera y que nos indica, mediante un par de manos que sostienen antorchas, que hemos llegado a nuestro destino.

buzludzha
Esto es lo que esperábamos encontrar
base buzludja
La realidad era esta otra.

Aparcamos el coche sin mayor complicación, nos fotografiamos concienzudamente, e iniciamos el camino a pie hacia la cima. Calculábamos media hora de ascenso hasta el OVNI, media hora menos para poder llegar al aeropuerto. Tras algunas vacilaciones, emprendimos una carrera épica montaña arriba: pese a los 5ºC acompañados de fuerte y helado viento, pronto nos sobraban las prendas de abrigo. Los poco adecuados mocasines de Olaf golpeaban con fuerza el suelo de Buzludzha elevándolo raudo hacia la cima. El esfuerzo valió la pena: en apenas 20 minutos y de forma repentina, ante nosotros se vislumbraba la silueta del gigante.

Por la cercanía o porque la niebla abría ligeramente, fue impactante nuestra primera visión del monumento, que se eleva con sus más de 70 metros de torre en frente de nosotros.
Por la cercanía o porque la niebla abría ligeramente, fue impactante nuestra primera visión del monumento, que se eleva con sus más de 70 metros de torre en frente de nosotros.

[FAIL] Pocos minutos después de llegar a la cima, descubrimos que había una carretera que accede hasta el mismo monumento. Simplemente con haber avanzado unos centenares de metros más con el coche lo hubiésemos visto, pero la épica es la épica.

Existe una carretera que conduce a la misma cima del monte Buzludzha y nos deja a los pies del gran monumento abandonado.

Ciertamente la visión de este gigante de hormigón deja sin aliento, tanto por lo grandioso de la construcción e inhóspito emplazamiento, como por todo lo que significa. El monte Buzludzha, más allá de su significado literal en lengua turca, que viene a decir “trozo de hielo”, cuenta con un enorme peso ideológico.

En 1891 se celebró en este monte una reunión secreta que sería decisiva para el devenir comunista del país. Es por ello que se decidió homenajear este lugar y, en 1981, en el 1.300 aniversario de la fundación de Bulgaria, se inauguró el monumento del monte Buzludzha.

buzludzha inauguración
Imagen de la inauguración del monumento de Buzludzha, en 1981. Foto: Timothy Allen.

Fue tras 7 años de construcción en los que participaron más de 6.000 trabajadores dando forma al proyecto del arquitecto Guéorguy Stoilov, en los que 20 de los mejores artistas búlgaros diseñaron un interior único a base de grandes mosaicos y pinturas. 7 años en los que se gastaron más de 14 millones de levas, alrededor de 7 millones de euros, financiados por el partido comunista y los donativos de sus miembros.

El interior en el momento de su inauguración. Los mosaicos que decoraban las paredes ahora se encuentran muy mermados por obra y gracia del tiempo, las inclemencias meteorológicas o los amantes de lo ajeno. Foto: Timothy Allen.
El interior en el momento de su inauguración. Los mosaicos que decoraban las paredes ahora se encuentran muy mermados por obra y gracia del tiempo, las inclemencias meteorológicas o los amantes de lo ajeno.
Foto: Timothy Allen.

Todo este contexto genera, sin duda, una atmósfera única en la que los largos 70 metros de torre o las incontables toneladas de hormigón se magnifican exponencialmente.

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El estado de abandono del lugar asombra tanto como la magnitud del mismo.

Genera una sensación de tristeza y de difícil comprensión el estado de abandono de un lugar tan único. En 1989, tras solo 8 años de la fecha de inauguración, empezó el gran deterioro de Buzludzha coincidiendo con la caída del gobierno socialista. A partir de este momento, el estado se desentendió del cuidado del lugar, que incluía vigilancia 24 horas al día los 365 días del año, entre otras medidas de seguridad, y el resultado no es otro que el de un cementerio de hormigón y que de forma metafórica entierra, también, toda una ideología como el comunismo.

Tal era el valor de la construcción y el abandono en que desembocó que, en los meses posteriores al abandono del sitio por parte del gobierno, los locales más intrépidos se apresuraban a escalar los 70 metros de torre para disparar con la estrellas que culminan la misma. Se pensaba que estas estrellas de color rojo, más grandes en tamaño que las del propio Kremlin, estaban hechas de rubíes auténticos. La sorpresa para muchos de ellos fue que, en realidad, solamente era cristal en color rojo.

interior buzludzha
Estado actual del interior del edificio. No pudimos acceder, aunque a posteriori descubrimos que hay formas de hacerlo.

Aunque existen buenas intenciones por parte del gobierno búlgaro para recuperar este sitio único, el estado de conservación actual es tan preocupante que las autoridades tuvieron que sellar el acceso al interior del edificio para evitar posibles lesiones de los curiosos. Sin embargo, descubrimos posteriormente que todavía existen accesos al interior por los laterales del edificio, aunque se requiere cierta agilidad y un poco de valor, teniendo en cuenta que existen un buen puñado de cámaras de video vigilancia controlando lo que allí sucede.

buzludzha escaleras
Estas son las escaleras que dan acceso al edificio desde la zona de aparcamiento, sí, esa que nosotros no encontramos.
internacional buzludzha
Los locales han dejado rastro de sus pensamientos al respecto de este edificio y todo lo que conlleva. El comunismo está muy reciente en Bulgaria y existen diferentes sentimientos al respecto de su caída y la entrada del capitalismo.

En la entrada destacaba una gran pintada que rezaba “don’t forget your past”, en una afirmación a la que nos acogimos como muestra de rechazo al estado del edificio del monte Buzludzha. Bajo las pintadas, originalmente se encontraba en alfabeto cirílico y con grandes letras de las cuales aún se conservan muchas, se encontraba la internacional, el himno obrero por excelencia y adoptado entre otros por el comunismo.

El viento, la gente y otros factores han hecho que muchas de estas letras estén ahora desparramadas por las laderas en lo que no dejan de ser sucesivas ironías con el devenir del comunismo en Bulgaria y, bueno, en el mundo.

El camino de bajada en el que comentábamos muchas de las cosas que acabáis de leer y con una sensación de cierto vacío, no podíamos dejar de girar la cabeza hacia atrás una y otra vez para encontrar de nuevo la silueta del monumento Buzludzha, hasta que la niebla se encargó de que nos centrásemos en bajar rápidamente al coche y emprender la vuelta a Sofia.

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En la parte en que la carretera procedente de Buzludzha se reincorpora a la E85, echamos la última vuelta atrás ante la mirada de algún cargo comunista en otros tiempos. Las banderas rusas nos rodean entre casas dispersas a ambos lados de la carretera.

Nuestra ruta camino de Buzludzha

Os dejamos, por último, el mapa de la ruta que iniciamos en Veliko Tarnovo y que nos llevó de vuelta a Sofia visitando, entre otras cosas, Buzludzha y el puerto de Shipka.

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Ambientólogo frustrado y reconvertido al marketing online. Me gusta viajar, escuchar a los Planetas incluso estando contento, comer nocilla y pan bimbo y otras cosas más. Ah, y viajar.
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One Reply to “Buzludzha: un símbolo abandonado de una ideología casi abandonada”

  1. […] al ejército ruso, el gobierno búlgaro erigió dos monumentos: la torre de Shipka y el “ovni de Buzludja”. Y nosotros tres que escuchábamos atónitos sus explicaciones, nos miramos y dijimos: sí, sí, […]

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